Camino de Santiago. Hazlo, no te arrepentirás.

Gracias a la recomendación de un amigo, hice el Camino de Santiago a finales de mayo del 2010. Fue una experiencia increíble para mí y se la recomiendo a todo el mundo. La hice sola y en el camino, nunca mejor dicho, encontré extraordinarios compañeros de viaje y una amiga para siempre.

Había decidido transitar el llamado Camino Francés, así que disponiendo de veinte días para hacerlo, no pude empezar en St-Jean-Pied-Port porque si no, no hubiera podido llegar a Santiago de Compostela. De forma conté hacia atrás y decidí comenzar mi Camino en Frómista.

Hablé con varios amigos y con amigos de amigos que ya lo habían hecho para que me dieran consejos prácticos y me recomendaran una guía. El padre de una amiga me aconsejó la «Guía del Camino de Santiago para peregrinos» de Antón Pombo, en relación al año Xacobeo del 2010, que fue mi biblia. He buscado si tiene algún otro más actual y efectivamente lo tiene: «Guía del Camino de Santiago, Camino Francés. Guía del peregrino a pié o en bicicleta». Doy por hecho que este último es tan bueno o mejor que el anterior, y evidentemente, más actualizado.

Me recomendaron llevar calzado cómodo, que me cambiara de calcetines todos los días sin excepción y, sobre todo, que no llevara más de 7 kg de peso en mi mochila.

Las primeras dos semanas estuve de introspección involuntaria aunque permitida, me dejé llevar por mis pocas ganas de socializar y me vino muy bien. Fui sola y no hay ningún problema para hacerlo, todo el camino está muy bien señalizado con las típicas flechas amarillas o dibujos de la concha.

Lo cierto es que yo no había entrenado demasiado, pero llevé bien las caminatas. Aunque no me libré de las consabidas ampollas en los dedos de los pies. Pero perforando la ampolla, sacando el líquido, inyectando yodo y poniendo una tirita, todo se iba curando poco a poco.

La última semana encontré varios compañeros de viaje muy peculiares, con los que disfruté de compañía, de charlas trascendentales, de risas y de lágrimas. Dio tiempo para todo. Cada persona decide si desea entablar conversación con otros o no, una/o es libre de hacer lo que le apetezca en ese momento. Además, lo ideal es que cada una/o vaya a su propio ritmo, no al de los demás, porque ésto último es lo ideal para no disfrutar del camino y herirse los pies y/o otras partes del cuerpo y desear abandonar.

En cualquier caso, es una experiencia inolvidable y muy personal, es un trocito del Camino de la vida que la representa muy bien. Una/o se pasa el trayecto pensando en llegar a la meta y cuando llega o está a punto de llegar, desea no hacerlo. Por eso, tanto en la vida como en el Camino de Santiago: disfruta del camino, no sólo pienses en la meta.

Si tienes oportunidad de hacerlo, hazlo. Y si no la tienes, búscala. Merece la pena.

Yo, en algún momento, volveré a caminar el Camino.

 

 

Esta entrada fue publicada en Blog y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.